8Los cuatro vivientes tienen cada uno seis alas, están llenos de ojos todo alrededor y por dentro, y repiten sin descanso, día y noche:
Apocalipsis 4:8
≪Santo, Santo, Santo
Señor Dios todo poderoso
´Aquel, que era, que es y que va a venir´≫
Los cuatro vivientes tienen cada uno seis alas.
Juan ve cuatro vivientes cada uno con seis alas; En la visión que tuvo el profeta Isaías “del Señor sentado en su trono excelso y elevado, unos serafines se mantenían erguidos por encima de Él; cada uno tenía seis alas” (Isaías. 6,1-2); Ezequiel ve en su Apocalipsis querubines con cuatro alas (Ez.10).
El número de alas es un símbolo de la jerarquía de los ángeles y de su cercanía a Dios; sus alas simbolizan que son seres espirituales inmateriales que no están sujetos al espacio- tiempo y tienen libertad de movimientos para aparecerse en cualquier lugar con extrema rapidez y de acercarse al trono de Dios según su jerarquía.
Los seres angélicos que están más cerca de Dios son los Serafines que tienen seis alas. El número de alas indica el nivel espiritual y la capacidad que tienen los seres angélicos de amar y de alabar a Dios y de ser felices con su visión y con la función que realizan sirviéndole. Los serafines tienen seis alas, dos tapan el cuerpo y dos tapan el rostro ante Dios y dos alas son para volar. Aquí surge la duda de si los cuatro vivientes que vio Juan eran Querubines o Serafines.
9y cada vez que los vivientes dan gloria, honor y acción de gracias al que está sentado en el trono y vive por los siglos de los siglos,10los veinticuatro Ancianos se postran ante el que está sentado en el trono y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y arrojan sus coronas delante del trono diciendo:
Apocalipsis 4:9-11
11≪Eres digno Señor y Dios nuestro
de recibir la gloria, el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
por tu voluntad, existe y fue creado≫

Desde la puerta abierta del cielo Juan, en estado de éxtasis, ve cómo Dios todo Poderoso sentado en su trono, Creador de todas las cosas terrestres y celestes, es adorado por los seres vivientes de su corte celestial que rodean el trono. Los cuatro querubines adoran, honran, glorifican y aclaman la santidad infinita de Dios Creador sin cesar, repitiendo constantemente una misma triple aclamación a su Santísima Trinidad, «Eres digno Señor Dios nuestro de recibir la gloria, el honor y el poder».
Los veinticuatro ancianos se unen al acto de adoración al Creador iniciado por los querubines; se postran de rodillas, se inclinan, profundamente hasta el suelo, aclamando la dignidad y la santidad de Dios y se quitan sus coronas de vencedores, en señal de sumisión y como signo de obediencia y respeto. Los veinticuatro ancianos proclaman su propio himno litúrgico, «Eres digno Señor y Dios nuestro…»
Los veinticuatro ancianos representan a toda la humanidad redimida por la sangre de Jesucristo, que vive ya en el cielo viendo a Dios y siendo totalmente felices eternamente.
La visión que tiene Juan de la liturgia que se está celebrando en el cielo es el preludio del acontecimiento cósmico definitivo que va a suceder, el juicio final de Dios a todos los seres espirituales creados.
Las oraciones individuales que hacemos y las liturgias de oración y de adoración a Dios que celebra la iglesia, son el acto más importante y trascendental que podemos hacer mientras vivimos en la tierra. Todos estos actos de adoración, de alabanza y de petición que hacemos, se unen a las oraciones de todos los santos de la tierra y del purgatorio, y suben al cielo para unirse al acto litúrgico de la adoración continua de todos los seres angélicos y de la humanidad triunfante ante el trono de Dios.